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Caminos de Ronda

COSTA BRAVA, PAISAJE MEDITERRÁNEO EN ESTADO PURO

Hay una forma de recorrer la atractiva y agreste Costa Brava sin apenas separarse del mar, pasando por las playas, los pueblos, los parques naturales, los acantilados y las calas más recónditas. Hablamos de los caminos de ronda, una serie de senderos que bordean el litoral de Girona, mostrando al caminante el paisaje mediterráneo en estado puro, en estampas que intercalan las aguas cristalinas y el verde de los pinos.

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Cala Ses Orats (Begur). Fotografía de www.camideronda.com

Los caminos de ronda unían, en muchos tramos de la costa, las torres de vigilancia que servían para alertar de la llegada de piratas y corsarios, y evitar el atraque de barcos sospechosos que pudieran traer consigo enfermedades infecciosas. La comunicación de las diferentes poblaciones, playas y calas del litoral permitía también a los pescadores y marineros el regreso a sus puertos de origen en caso de naufragio.

Pero es en los siglos XIX y XX cuando se le acuña el término caminos de ronda, que hace referencia a las guardias o rondas que hacían los carabineros y, posteriormente, la Guardia Civil, para evitar el contrabando y estraperlo. Los contrabandistas buscaban escondites que fueran de fácil acceso por el mar pero de difícil acceso por la tierra para evitar estos controles. Estas actividades delictivas tuvieron su momento álgido durante la posguerra, debido al aislamiento de España y la restricción y prohibición de productos.

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Hacia Cala Corbs (Palamós). Fotografía de www.camideronda.com

Actualmente constituyen unos caminos muy agradables para realizar senderismo en Girona mientras se disfruta de su paisaje más representativo: la Costa Brava. El Camino de Ronda, si se abarca todo el conjunto, va desde Blanes a Port Bou y coincide en buena medida con el sendero de gran recorrido GR92, denominado así en recuerdo de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992.

La fragmentación del recorrido en distintos caminos permite su disfrute a todo tipo de caminantes, los que están acostumbrados a caminar y los que prefieren hacer rutas cortas, aunque hay que tener en cuenta la fisonomía del terreno, con paseos estrechos, desniveles, subidas y bajadas continuas, escaleras y tramos llanos. Cualquier época es buena para transitarlos: con el colorido de la primavera, el baño en sus cristalinas aguas en verano, los colores ocres del otoño o el oleaje golpeando contra las rocas del invierno.

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Cala de Corbs (Palamós). Fotografía de www.camideronda.com

El camino de Sant Feliu de Guíxols a S’Agaró es amplio y cómodo, y está flanqueado por casas señoriales y una vegetación variada. Nada mejor que darse un baño en cala Pedrosa o en la de Sa Conca, dividida por un islote. El camino de Calella de Palafrugell a Llafranc es corto y permite contemplar la bella panorámica de la montaña de Sant Sebastià y su característico faro desde las puntas de la Torre y d’en Blanc.

El camino de ronda de Sant Antoni de Calonge a Plata d’Aro es fácil y de escaso desnivel, por lo que se puede realizar con niños. Las vistas son magníficas, a un lado las aguas cristalinas de las calas, y al otro, los verdes de la vegetación mediterránea. Comienza en la zona sur de la playa de Sant Antoni de Calonge, junto a la Torre Valentina, que data del siglo XVI. Por el camino se pasa por lugares tan idílicos como la cala de Roques Planes, Cap Roig o la cala del Pi. Para disfrutar a tope de esta zona, en el mismo municipio de Calonge, a 3 km de la costa, tienes una estancia con encanto asegurada en la Casa Rural Mas Roselló.

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Casa Rural Mas Roselló (Calonge – Girona)

Más al norte, otro camino interesante es el que va desde Aiguablava hasta el límite con el municipio de Pals. Las rocas, escollos, pinos, matojos y escaleras están presentes en todo el recorrido. Sobresale la playa N’Estàsia y su fuente de agua dulce, las vistas del cabo Rubí y la parte de las calas de Begur, como Aiguafreda, que muestran el lado más exótico de la Costa Brava. En el norte de la Costa Brava, también podrás pasar por espacios naturales únicos como Aiguamolls de l’Empordà o Cap de Creus.

También podemos citar los caminos de ronda de El Port de la Selva, Cadaqués, Roses, L’Escala, L’Estartit, Palamós Tossa de Mar o Lloret de Mar, que además de la naturaleza tienen un plus cultural nada desdeñable, como el pintoresco pueblo de Cadaqués, el poblado íbero de Castell en Palamós, o el conjunto medieval amurallado de Tossa de Mar, el único a pie de costa que se conserva en Cataluña.

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Cadaqués. Fotografía de Pixabay

Después de las caminatas, las visitas culturales y el baño en las calas, apetece probar las delicias gastronómicas de la Costa Brava, que a nadie defraudan. Sus sabores son los propios del Mediterráneo, destacando, en esta zona, el pescado y marisco fresco. ¡Cómo no! Aunque se suman los demás productos e ingredientes de la tierra gerundense, como las carnes y las verduras acompañadas de aceite de oliva. Destaca el arroz de Pals, la gamba de Palamós, el peix de roca de Begur, las anchoas de l’Escala, o los erizos de mar y los taps (bizcochos) de Cadaqués.

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Gastronomía de la Costa Brava. Fotografía de Ayuntamiento de Blanes

Virginia Martínez

Author: Virginia Martínez

Soy periodista especializada en viajes. He publicado en la revista RGB, CMagazine y NT Binter. Actualmente escribo en Viaje con Escalas. Considero que el viaje puede estar en el otro extremo del mundo o a la vuelta de la esquina.

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