Casa de San Martín: Despertando en el paraíso

Desde que en 1995 contactasen por primera vez con los antiguos dueños de la Casa de San Martín (tres hermanos de la familia Buisán Bara) y después de innumerables reuniones por fin, Mario Reis y David Robinson, brasileño y británico, pudieron comenzar a soñar. El día 26 de Enero de 1996 convertían en un hecho sus fantasías más oníricas: la tan deseada Casa de San Martín ya era suya. Para 1998, comenzaron las obras de reforma, y fue en diciembre de año 2000 cuando, respetando al máximo la estructura y los elementos originales típicos de la arquitectura del Alto Aragón, el sueño se hizo realidad.
Hoy, la Casa de San Martín (San Martín de la Solana, Huesca) sigue manteniendo su imagen de antaño: las cubiertas con losas de piedra autóctona, las típicas chimeneas aragonesas con sus “espantabrujas”, la forja recuperada en la escalera principal, o los pavimentos de barro cocido y piedra.

A partir de aquí, todo se concilia para que la nuestra, sea una estancia única y especial. A las puertas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido nos sumergimos en un profundo y cuidado bosque de pinos y robles. Desde la finca de más de 90 hectáreas donde está situado Casa de San Martín es difícil divisar casas o pueblo en sus alrededores… nuestros deseos de paz y tranquilidad emprenden caminos de realidad palpable.

En el interior del hotel, un antiguo caserío de piedra propiedad del Monasterio de San Victorián, la calidez, el buen gusto, el cuidado y el mimo en los detalles más insospechados se hacen presentes en cada esquina.  La mano de Mario, uno de sus propietarios, se nota también en esta delicada simbiosis que impregna a los Pirineos con un toque hogar. Desde las habitaciones, las fabulosas vistas a los hayedos y a los árboles milenarios de la zona, nos llevan a pensar que nos hemos convertido en confidentes de un secreto que debemos contar al mundo.

Y para completar nuestro viaje por los sentidos, el antiguo pajar convertido en comedor nos ofrece un menú distinto haciendo énfasis en los productos locales como la ternera, el ternasco del valle y las verduras frescas. Rematado por el toque dulce de sus postres caseros y regado por los excelentes vinos del Somontano.

Los más de mil años de historia del edificio que hoy nos acoge; los balcones, porches, terrazas y ventanas que lo llenan de gracia y vistas… todo hace parecer a Casas de San Martín la quilla de un barco en tierra: situado en la cima de un amplio valle, dominando el cinturón de montañas que lo circunda. Y así nos sentimos cuando llega el amanecer, como marineros que tras estar a la deriva por interminables mares de asfalto, por fin encuentran su isla del tesoro. Nos hemos despertado en el paraíso.

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