El encanto de Altafulla y el Hotel Gran Claustre

Los castillos y monasterios transformados en hoteles tienen algo romántico. Es lo que le ocurre al Gran Claustre, en la población costera de Altafulla (Tarragona). El cuerpo principal de este hotel Rusticae de cuatro estrellas fue un antiguo convento de monjas teresianas, construido en el siglo XVIII, y en lo que fue el claustro se abre hoy una refrescante y voluptuosa piscina; eso sí, con vistas al cielo. Altafulla, serena y discreta, es una población con mucha historia y numerosos atractivos, eclipsada sin remedio por la poderosa ciudad de Tarragona, pero sin embargo llena de encanto. Por eso elegimos pasar un fin de semana en este plácido rincón de la Costa Dorada. En cuanto llegamos, tras dejar las maletas en una de las amplias habitaciones del Gran Claustre, salimos a respirar el ambiente de las callejuelas empinadas de la Vila Closa, el núcleo medieval amurallado de Altafulla, declarado bien cultural de interés nacional.

Calles de la Vila Closa de Altafulla - O. Marin

Calles de la Vila Closa de Altafulla – O. Marin

Aquí toca dejarse sorprender. A pocos pasos del hotel, el castillo de la familia Montserrat ya se menciona en documentos del año 1059, aunque el edificio actual fue reformado en el siglo XVII. Es propiedad privada y su interior no es visitable, pero domina una de las plazas más bonitas de este litoral, a la que se asoman también la iglesia de Sant Martí y la rectoría. Como curiosidad, si el viajero mira al horizonte desde lo alto de esta plaza observará el faro de Torredembarra, el más alto de la costa catalana, con 59 metros. Entre escalones y callejones empedrados llegamos a la plaza del Pou (del pozo), otro espacio emblemático de la Vila Closa de Altafulla. Presidida por el edificio porticado del Ayuntamiento, de principios del XIX, está rodeada por varias casas señoriales y los restos de una puerta de la antigua muralla.

unnamed-2

Altafulla, Tarragona-Ò.Marín

 

El castillo y la iglesia de Altafulla – O. Marin

Después de un paseo repleto de historia, nos tomamos un descanso en la habitación 11 del Gran Claustre, ubicada frente a la piscina; saboreamos uno de los zumos de cortesía del minibar y nos ponemos el albornoz y las zapatillas para bajar al espacio de bienestar del hotel. Los masajes con chocolate y los tratamientos de vinoterapia son algunos de los reclamos del pequeño spa, que ofrece bancos de hidromasaje, chorros cervicales, pileta de agua fría, sauna, baño de vapor con cromoterapia, fuente de hielo, duchas de sensaciones y un servicio de infusiones. Tras un masaje relajante y una hora de spa, vale la pena terminar un día redondo en el restaurante del hotel, Bruixes de Burriac. El menú de noche tiene un precio de 29 euros e incluye varios platos tradicionales con un toque de modernidad, como el pudín de bogavante al vapor con infusión de piñones, el arroz de chipirones de playa con butifarra negra, garbanzos y alioli de ñora o el solomillo de cerdo ibérico con asado de patata y ciruela confitada.  Al día siguiente, tras un desayuno bufet más que variado, se agradece un baño refrescante en la piscina del “claustro”, un lugar ideal donde disfrutar de las últimas horas en el hotel. Tras el check out, una propuesta muy recomendable es bajar hasta la playa de Altafulla, una de las pocas de la Costa Dorada donde aún se conservan casas de pescadores, y tomar un aperitivo en alguna de las terrazas dispuestas frente a la arena. Será el colofón perfecto a nuestra escapada relajante.

unnamed-3

Restaurante Bruixes de Burriac, en el Hotel Gran Claustre- Ò.Marin

 

Òscar Marín

http://blogs.descobrir.cat/elplaerdeviatjar/

Òscar Marín

Author: Òscar Marín

Periodista especializado en viajes, he trabajado en revistas como 'Altaïr', 'Nat' y 'Lonely Planet Magazine'. Escribo el blog de viajes ‘El plaer de viatjar’ (http://blogs.descobrir.cat/elplaerdeviatjar) y soy redactor de la revista ‘Descobrir’. También he participado en el blog de la Agencia Catalana de Turismo y he colaborado en programas de radio, diarios y revistas recomendando mis propuestas viajeras. Soy autor de dos guías turísticas sobre Catalunya. El lugar favorito para perderme es París, la ciudad donde suelo refugiarme. También cerca del mar, en la costa catalana.

Share This Post On

Submit a Comment