La velocidad

peregrino3En torno a la tele el recuerdo de miles de peregrinos sin prisa, el Santo no se impacienta. En la pantalla, una entrevista a Fernando Alonso a pie de pista en el mundial de Fórmula 1, nervio puro, la vida al segundo. El Rincón del Peregrino, en Alberguería, provincia de Orense -un bar de aldea si nos ponemos rigurosos-, es un monumento a la no-prisa, en la que peregrinos anónimos dejan de serlo firmando las pechinas de vieira con su nombre, una frase para el recuerdo, un dibujo simpático. En todos los idiomas de la tierra, porque entre paredes y techos las valvas se cuentan por miles. Luis Sandes, el mesonero que sella los pasaportes de los peregrinos con diligencia pasional, es un hombre de mundo. No sé si ha salido alguna vez más allá de los Pirineos, pero el trasiego diario de culturas le ha hecho culto. Escritores, profesores, reporteros, hombres y mujeres anónimos en esas todas las lenguas se asombran de verse en este punto del Camino Mozárabe (Salamanca-Santiago) envueltos en vieiras, nombres, frases para el recuerdo y dibujos simpáticos. Cada valva es testimonio de una persona buena, no lo dudo. Recuerdo que hace años cometí la tontería de hacer el Camino de Santiago en 48 horas, en todoterreno, un reportaje para una revista de viajes. Yo, que no soy mala persona, me sentí peregrino tramposo. Nunca hubiese osado dejar una vieira escrita en el Rincón del Peregrino. Tampoco soy creyente, pero algún día haré el Camino, que no es más, ni menos, que gran calzada de cultura, superación personal, desafío en compañía, encuentro y bienhacer. En definitiva preceptos de todas las religiones que en el mundo son.

Rusticae

Author: Rusticae

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