Los colores de Marrakech

Los primeros brotes de la primavera invitan a descubrir Marrakech. El sol brilla, los colores de la llamada “ciudad rosa” se encienden. Es un buen momento para perderse en la Medina, la zona comprendida dentro de las murallas, una delicia que hay que vivir al menos una vez en la vida. Hay varios monumentos por ver, pero en un lugar con tantas sorpresas escondidas, es mejor dejarse llevar por la intuición, con los ojos siempre abiertos. Es imprescindible una guía para sumergirse en la ciudad? Mi respuesta es que no.

Callejón de la 'ciudad rosa' - O. Marín

Callejón de la ‘ciudad rosa’ – O. Marín

Cuantas más horas uno pasea sin prisa, pausadamente, por el laberinto de callejuelas, tanto mayor es la probabilidad de encontrar algún rincón mágico: la apertura de una puerta cerrada, una plaza vacía, un mercado inesperado, un centro artístico o un restaurante del que escapan aromas de cuscús y tajín.

Dar Cherifa, restaurante y galería - O. Marín

Dar Cherifa, restaurante y galería – O. Marín

Marrakech es una ciudad de artesanos, que se rige aún por el comercio y la fabricación a pequeña escala. En la place des Ferblantiers, un latonero forja una lámpara de hojalata con incrustaciones de cristal; en una esquina del Mouassine, un viejo tornero da forma con manos y pies a las patas de una mesa; en la plaza Jemaa el Fna, un escriba copia caligrafía sagrada; y en cada rincón del zoco, joyeros, ebanistas y tapiceros venden sus creaciones siempre dispuestos a regatear. Es asombrosa la habilidad de estos artesanos para crear en unos minutos o en pocas horas piezas maravillosas.

Artesano de la madera en la Medina - O. Marín

Artesano de la madera en la Medina – O. Marín

 

Vagando por la “ciudad rosa”, así llamada por el color predominante de sus muros, observamos la herencia beréber de su arquitectura en la sencillez de las formas, determinadas por materiales como el barro, los ladrillos de adobe, la madera, materiales humildes que se enaltecen aquí y allá con mosaicos brillantes, azulejos y baldosas, y con las pinturas de intensos colores del Atlas: rojos, ocres, rosas, marrones, naranjas…

Las casas se juntan y las calles se estrechan buscando la sombra, creando un laberinto inaccesible para los coches, pero transitable para bicicletas y pequeñas carretas tiradas por animales, que pueden sorprendernos al volver la esquina.

Mercado popular en Marrakech - O. Marín

Mercado popular en Marrakech – O. Marín

Después de un intenso paseo por la Medina, cada uno debe encontrar su propio refugio. En el libro ‘Las voces de  Marrakech’, el premio Nobel Elias Canetti escribió: “Para tener confianza en un ciudad extraña se necesita un espacio cerrado sobre el que ostentar un cierto derecho y donde se pueda estar solo cuando el barullo de voces nuevas e incomprensibles aumente.” Sin duda, el mejor refugio para el viajero son los frescos y elegantes riads, antiguas casas nobles y palacios escondidos en el corazón de la ciudad vieja, con sus patios adornados con fuentes y naranjos, velas, cortinas y celosías, y sus terrados luminosos y sus cuartos de baño de paredes suaves. Dar Justo, Belle Epoque, Abracadabra y el Palacio de las Especias son cuatro riads Rusticae con un encanto excepcional donde, como decía Canetti, “todo se abre al patio, y éste al cielo”. Nuestro mejor refugio en Marrakech.

 

Òscar Marín

http://blogs.descobrir.cat/elplaerdeviatjar/

Òscar Marín

Author: Òscar Marín

Periodista especializado en viajes, he trabajado en revistas como 'Altaïr', 'Nat' y 'Lonely Planet Magazine'. Escribo el blog de viajes ‘El plaer de viatjar’ (http://blogs.descobrir.cat/elplaerdeviatjar) y soy redactor de la revista ‘Descobrir’. También he participado en el blog de la Agencia Catalana de Turismo y he colaborado en programas de radio, diarios y revistas recomendando mis propuestas viajeras. Soy autor de dos guías turísticas sobre Catalunya. El lugar favorito para perderme es París, la ciudad donde suelo refugiarme. También cerca del mar, en la costa catalana.

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1 Comment

  1. Un artículo muy evocador. Dan ganas de tomar un avión y disfrutar de esos callejones y del encanto de los riads de MArrakech!

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