Paisaje y desarrollo

progresoEl otro día ojeando un libro infantil leía que lo que definimos como paisaje suele tener varios componentes entre los que están el relieve, la vegetación y fauna, la presencia o ausencia de agua en sus diversas formas (rio, lago o mar), el clima, y la acción del hombre en forma de cultivos, edificaciones, infraestructuras, etc.

En la mayoría de los casos el equilibrio de todo lo anterior es muy frágil, y no se suele tener en cuenta cuando se planifica el territorio. La naturaleza habla, pero hay que saber escucharla. El ruido sustituye el sosiego de la naturaleza, las urbanizaciones de casas y carreteras modifican el paisaje convirtiéndolo en un lugar degradado, desnaturalizado. Es el coste del progreso, nos suelen decir, pero ¿no se podría haber hecho de otra forma?

Cuando voy a Francia veo el cuidado con el que los franceses tratan sus pueblos, cómo los mantienen limpios y en estado de revista, y pienso que todavía nos falta para llegar a ese nivel.  Alguien que camine por las sierras y comarcas de España y entre en los pueblos por la “puerta trasera”, el camino que baja del monte, como a mí me gusta hacer, verá donde se tiran los electrodomésticos que no sirven, los trastos de todo tipo, los escombros de las obras, la basura en general. Es un problema que creo que no está resuelto: el tratamiento de residuos en poblaciones aisladas, de las que hay tantas es España debido a la baja densidad de población. Pensemos en provincias como Guadalajara, Teruel, Zamora, Cuenca, La Rioja, y otras donde todavía existe mucho territorio con muy poca población y donde la recogida de residuos no orgánicos es logísticamente más complicada y costosa.

Lo mismo ocurre con la urbanización en los municipios. Parece que los ayuntamientos no tienen fondos para financiar sus servicios y tienen que recurrir a recalificar terrenos para ingresar dinero. Las consecuencias de esto todos las conocemos: urbanización descontrolada, sin criterios medioambientales ni paisajísticos, y el modelo de gran parte de la costa mediterránea en España, sin entrar a mencionar las tentaciones de corrupción porque no viene al caso.

Sin valorar políticamente lo que habría que hacer ni quien lo hace mejor,  creo que es un tema al que no se le presta demasiada atención en nombre del progreso, hasta que el proceso sea irreversible y no podamos recuperar lo que había, como es el caso de muchas ciudades de provincia y pueblos en España, que en aras de la modernidad derrumbaron edificios antiguos para hacer otros más nuevos sin ningún carácter en los años del crecimiento y modernización del país. Cuando han querido poner en valor su patrimonio se han dado cuenta de que les queda muy poco o nada, y que sus edificios no dicen nada de su gente porque son iguales que los de cualquier sitio. Si uno de los objetos de la arquitectura es reflejar el carácter de los habitantes de un lugar y que la gente se siente orgullosa de sus monumentos, casco histórico y parques, resulta que tenemos muchos pueblos y ciudades de España donde la arquitectura no habla de sus moradores sino que es una réplica de un modelo genérico, son pueblos sin voz aparente. En suma muchos pueblos sin poder expresar su carácter y personalidad propios. Aunque en España por fortuna todavía tenemos muchos otros pueblos que han mantenido su personalidad en forma de su arquitectura porque supieron valorar a tiempo lo que llamamos patrimonio cultural y protegerlo.

El siguiente paso es valorar y proteger su patrimonio paisajístico, intentando acoplar la producción humana y las necesidades de desarrollo al mantenimiento del paisaje con criterios de sostenibilidad. ¿Una quimera?, en otros sitios se ha hecho. Quizás podemos aprovechar esta crisis del modelo del ladrillo para liberar de presión al territorio y hacer un planteamiento más racional, considerando el patrimonio paisajístico como lo que en realidad es, parte del patrimonio cultural de un pueblo.

Rusticae

Author: Rusticae

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