Palabras de amor, en Mas del Sord

“Pero a menudo al atardecer/ Però sovint en fer-se fosc

lejana me llega una canción,/ de lluny m’arriba una cançó,

viejas notas, viejos acordes/ velles notes, vells acords

viejas palabras de amor”/velles paraules d’amor”

(Palabras de Amor/Paraules d´amor J. M. Serrat)

Está Oriol escuchando música vintage, mientras revisa con infinita ternura los hologramas que ha preparado como regalo para su esposa, una sorpresa por las bodas de plata. Frente a él, aparecen las imágenes tridimensionales de su primer viaje a Selva del Camp en 2017, casi treinta años atrás. Con razón llamaban a esa comarca la Toscana catalana.

Se alojó en Mas del Sord, naturaleza a poco más de una hora de Barcelona, cuando todavía existían los transportes grupales terrestres. Su novia, Reyes, llegaba en AVE desde Madrid. Pasó a recogerla por la estación de Tarragona, a tan solo 20 minutos de ese precioso hotel boutique rodeado por 10 ha de viñedos propios. Preciosa a pesar del madrugón, modelo aficionada, hasta las mujeres se daban vuelta para mirarla.

Reyes disparó la orden sin apenas besarlo:

  • Vamos, quiero visitar los tres monasterios cistercienses.
  • Eso suena perfecto para nuestras bodas de plata – replicó Oriol, el plan le parecía aburrido -.
  • Lo necesito para mi tesis, idiota, son espectaculares: Poblet, Santes Creus y Vallbona de les Monges.

A pesar de haber repetido algún curso, la chica por fin terminaría la carrera de arquitectura. Procurando no reírse de su forzada pronunciación, Oriol, que llevaba dos semanas sin verla, tenía otro tipo de actividades en mente:

  • Dejemos antes las cosas en la habitación, nos relajamos un rato y luego te preparo un buen almuerzo. En Mas del Sord los huéspedes tenemos nevera exterior designada de uso propio, una enorme cocina común bien equipada con barbacoas y podemos usar el comedor o las terrazas.
  • Bueno, pero mañana vamos sin falta – a pesar del gesto siempre adusto, lo de relajarse en la habitación la había convencido -.

En ello estaban cuando el móvil de Reyes empezó a sonar con insistencia y una melodía distinta a la habitual. Se la veía inquieta, como pillada en falta.

  • Es solo un compañero de piso – “excusatio non petita” -.
  • Contesta, no te preocupes que no me enfrío.
  • ¿Cómo voy a responder así? – preguntaba, levantando inútilmente la sábana -. Es video llamada.

Siguió alborotando ocasionalmente el maldito aparato, irrumpiendo e interrumpiendo hasta que ella se lo llevó al baño, igual de linda cuando viene que cuando va. Tardó en volver. Por supuesto que siguieron, veinticinco años ambos, pero no fue el reencuentro que Oriol había imaginado.

 

Mientras cocina escasas carnes magras con verduras en la barbacoa, su novia toma el sol en un igualmente escaso bikini, sin descuidar el innegociable “beauty sleep” de veinte minutos. Siempre atento, Oriol procura que ella coma con normalidad, de adolescente había tenido un episodio de bulimia que preferían no recordar. Aprovecha la lenta cocción para ir tirando unas bolas en el billar, hasta que Reyes le interrumpe con un reproche:

  • ¿De dónde sale tanto niño? Van a dar por saco esta noche.

A Oriol, sin embargo, los niños le encantan, espera contra todo pronóstico tener hijos pronto, a pesar de las imposiciones derivadas del modelaje.

  • Nada que ver, tienen una sala de cine especial para ellos – comenta, viéndolos jugar en la piscina salada y paseando en poni por los cuidados jardines de la propiedad -.
  • Mejor salimos de marcha. ¿Qué hay por aquí cerca?
  • Montblanc, es un pueblo medieval amurallado, con mucho ambiente. Empezamos de copas por el casco antiguo y luego, si te apetece, nos vamos a la discoteca Quedeque. Si te das prisa, visitaremos antes sus pinturas rupestres, son Patrimonio de la Humanidad.
  • Voy a tardar en arreglarme, no te pongas pesado.
  • Descuida, mi amor, hay Netflix gratis en la habitación, cafetera Nespresso, tómate tu tiempo.

La espera valió la pena, Reyes sabe sacarle partido a su físico espectacular. Ella zanja la discusión sobre dónde cenar sin dejar derecho a réplica:

  • Ya hemos comido demasiado al mediodía – miente, palpándose el abdomen plano y musculado – mejor picamos de bares.

El primero de los locales estaba frente a Santa María la Major, formidable iglesia gótica del siglo XIV desde la cual se contempla toda la Ciutat Vella, por lo que es conocida también como Catedral de la Muntanya. Con Reyes partiendo al baño por enésima vez, él ya no sabe si preocuparse por una posible recaída bulímica de su pareja o tomarse a la tremenda lo del tal compañero de piso.

La encargada de barra, Montse según la chapa que la identifica, sonríe todo el tiempo, como si no llevara largas horas enfrentando las urgencias de sus clientes. Le sobra algún kilo, pero irradia belleza, también bondad.

  • Tu gin-tonic – le ofrece, abriendo aún más su cálida sonrisa y dejando una rosa roja junto a la copa -.
  • ¿Y esto?
  • ¿No conoces la leyenda de Montblanc?

Sin esperar respuesta, sigue con la explicación:

  • Sant Jordi mató al dragón frente a nuestras murallas, de su sangre brotó un rosal. Me pareces un bello príncipe a quien salvar de las garras del monstruo.

Montblanc. Fotografía: Pueblos con encanto

De regreso al futuro, vestidos de etiqueta, la pareja descansa en la terraza de su casa, esperando a que lleguen sus cinco hijos con el resto de los invitados. Es el momento que Oriol elige para entregarle los hologramas junto a una vieja rosa liofilizada. Por desgracia, ya no se cultivan frescas.

Ha envejecido, le siguen sobrando algunos kilos, la sonrisa es la misma.

¡Reserva tu estancia en Mas del Sord!

 

Jordi Tomàs

Jordi Tomás

Author: Jordi Tomás

Nacido en Barcelona hace ya demasiados años, cada vez más, me gradué de malparido en una escuela de negocios. Como ejecutivo, empresario o consultor, he escrito mucha ficción, sin embargo siempre dirigida a personas concretas. Salvo algún artículo pretencioso en el diario Clarín de Buenos Aires, mi libro "La Psicòloga del Born" fue la primera vez que me desnudé en público. He tenido la suerte o la desgracia de llegar a casa en ocho países, soy analfabeto en varios idiomas, pero veo con resignación que el leer no me ha hecho perder el gusto por escribir. Sólo he hecho dos cosas bien en la vida, la pequeña se llama Mireia y el mayor, Jordi

Share This Post On

Submit a Comment