Sueños en el viejo molino

Los niños jugaban al escondite entre las ruinas del viejo molino. Era un buen rincón donde pasar la tarde persiguiendo lagartijas o tirando piedras en la acequia. Pero estas piedras estaban llenas de historia. La Vía Heraclea de origen griego, la primera gran vía de comunicación, cruzaba los terrenos del edificio desde la antigua Emporion y, siglos más tarde, éste fue el molino harinero más importante de la comarca.

Un golpe de suerte hizo que el actual propietario pudiera adquirir la finca y rehabilitar los restos del molino. Hoy, El Molí de l’Escala es un hotel gastronómico con mucho encanto. El alma del proyecto es Jordi Jacas, que tras pasar por la Albareda, el Jean Luc Figueras, la Casa Irene de Arties y el Bulli de Roses, se convierte en el responsable del Molí en 1999, defendiendo un concepto de cocina de proximidad y de temporada, con un punto de creatividad e innovación, basada en el producto de calidad.

Llegamos el viernes a mediodía para saborear su menú diario de 22 €. Entre los primeros, se puede escoger entre una crema de calabacín con helado de gorgonzola y crujiente de hierbas, un tartar de salmón con ensalada tabulé y salsa de yogur y menta, y unos tagliatelle al pesto con tomate semiseco, aceitunas de Kalamata, queso marino y alga codium. Entre los segundos, se puede elegir entre un marmitako de pulpo de roca con buñuelos de sobrasada y trigo tierno; secreto de cerdo ibérico con chutney de melocotón y brotes de cilantro, y un suculento arroz meloso de costilla de ternera y calamares. Para postre, panacotta de cereza con umeboshi, helado de violeta y confitura de remolacha y frambuesa; cremoso de coco con helado de fruta de la pasión, espuma de chocolate blanco y crumble de cítricos, o un típico requesón con miel y nueces. Se incluyen el vino, el pan y el agua, así que es una magnífica opción para inaugurar la escapada.

Después de comer, nos instalamos en la habitación y aprovechamos para descansar. Alejado de la fachada marítima, este hotel ofrece lo mejor del campo ampurdanés (la calma, el aire fresco, el canto de las golondrinas…) a poca distancia de las playas. Las habitaciones mantienen el aire antiguo del edificio original, pero han sido perfectamente rehabilitadas para convertirse en modernas y funcionales. Todas están equipadas con Smart TV, mini bar, aire acondicionado, calefacción, secador de pelo, amenities y Wifi gratuito, y algunas disponen de hidromasaje. Y si el huésped viaja con su perro, debe saber que será bien recibido.

Por la tarde, es un buen momento para visitar algunos rincones con encanto. Nos acercamos al pequeño núcleo medieval de Sant Martí d’Empúries, donde un músico toca la guitarra mientras los turistas ya cenan en las terrazas. Llega un grupo en bicicleta, han venido por el agradable camino de ronda que pasa junto a las ruinas de Empúries. Después nos acercamos a l’Escala. Desde el hotel, es posible llegar fácilmente a pie hasta el centro de la población, aunque se puede dejar el coche en el aparcamiento gratuito que hay en la entrada de l’Escala y caminar unos quince minutos por el paseo que bordea la costa hasta la plaza de la Sardana. Vale la pena disfrutar allí de un helado y remojarse los pies en la playa antes de iniciar el camino de vuelta al hotel para disfrutar de un sueño reparador.

¡VER HOTEL EL MOLÍ DE L’ESCALA!

Òscar Marín

Author: Òscar Marín

Periodista especializado en viajes, he trabajado en revistas como 'Altaïr', 'Nat' y 'Lonely Planet Magazine'. Escribo el blog de viajes ‘El plaer de viatjar’ (http://blogs.descobrir.cat/elplaerdeviatjar) y soy redactor de la revista ‘Descobrir’. También he participado en el blog de la Agencia Catalana de Turismo y he colaborado en programas de radio, diarios y revistas recomendando mis propuestas viajeras. Soy autor de dos guías turísticas sobre Catalunya. El lugar favorito para perderme es París, la ciudad donde suelo refugiarme. También cerca del mar, en la costa catalana.

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