Sutilidad japonesa

Estos días la cartelera madrileña nos regala dos joyas cinematográficas del país del sol naciente. Para los que tengan curiosidad por la cultura japonesa éstas son dos muestras fabulosas de sus luces y sus sombras. Para los que ya estamos enganchados con Japón y lo japonés son, sencillamente, dos películas imprescindibles.interior-still

STILL WALKING, de Hirozaku Kore-eda, nos adentra en la vida de una familia normal japonesa durante 24 horas. Un día señalado para ellos porque se reúnen para conmemorar el aniversario de la muerte de uno de los hijos. Aquí se hilan y entretejen magistralmente sentimientos hermosos y profundos, a veces encontrados e irreconciliables, heridas sin cerrar, crueldades y amores poco explícitos. Todo con sigilo, con comentarios a media voz -a veces inaudibles para el resto-, con pequeños e imperceptibles gestos. Como si no pasara nada mientras las frustraciones y los anhelos se acumulan y van quedando a flote… Una cultura de claroscuros en estado puro se va desgranando en sus dos vertientes: gestos amables, trato educado de rostro sonriente o la comida como eje vertebrador de una espiritualidad sutil conviven con una férrea  jerarquía, un exacerbado sentido de la autoridad, la negación de lo individual frente a lo colectivo, el machismo, la sumisión voraz al trabajo, la importancia del estatus social o la casi total ausencia de manifestaciones afectivas.

depedidas-interiorPor su parte, DESPEDIDAS, de Kokiro Takita, se centra en una visión más reconciliadora con cuestiones esenciales de la cultura japonesa. En ambas el espectador sale rumiando un sin fin de cuestiones fundamentales para el ser humano, pero igual que de la primera se sale con una sensación de angustia existencial, aquí ocurre todo lo contrario. El disfrute es pleno desde la primera secuencia. En esta cinta un joven violonchelista ve truncada su carrera musical al quebrar la orquesta donde trabaja. El giro vital al que se ve abocado le devuelve a su ciudad natal donde el destino le tiene reservado un trabajo sorprendente: amortajar muertos. La película aborda varios temas capitales. En primer lugar el eterno mensaje de dualidad vida / muerte. Que la vida es vida en tanto que existe su alter ego: la muerte.  Que nos la hemos querido quitar de encima con todas sus consecuencias, que no queremos saber nada de ella. Sin embargo Daigo, el protagonista, nos irá guiando hasta reconciliarnos con “la más temida”.  Resulta absolutamente delicioso cómo el protagonista se relaciona con los finados, dotándoles de vida por un instante más, las forma en la que ese trabajo, tan dignificado en su persona y en la de su jefe, toca los sentimientos más profundos de los familiares provocando a veces reconciliaciones con los seres queridos que acaban de perder y con ellos mismos siempre.

También retrata magistralmente esa idea tan japonesa de la espiritualidad del trabajo y cómo, únicamente mediante esa espiritualización, el trabajo queda elevado finalmente a la categoría de profesión. Recuerdo una conversación con un sushi man en Tokio que llevaba 11 años al frente de un pequeño y reputado negocio al que felicitamos por la comida que nos había preparado y al conocer su trayectoria profesional concluimos que ya debía ser todo un experto. Sin embargo enseguida matizó que no. Que para ser un experto tenía todavía muchos años por delante ya que debía profundizar mucho más en el aspecto espiritual de su oficio…
Intento imaginarme cómo narraríamos en occidente historias como éstas y acabo convencida de que con la fuerza y virulencia de todo lo que subyace en ambas películas podríamos narrarlo de mil maneras pero en ningún caso el silencio se alzaría como protagonista indiscutible. ¡Tremenda sutilidad la de los japoneses!

Carlota Mateos

Author: Carlota Mateos

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