Te quiero efímera

amapolasDicho así suena a rollete de verano, a cana al aire, a lírica boba. Pero viene a cuento de las amapolas que en estos días de mayo –cuando hace la calor del Romancero Viejo- nos han decorado el camino visitando los hoteles Rusticae de Ciudad Real. Estos lienzos rojos entre llanos verdes no pueden pasar inadvertidos a Eugenio, el dueño del Palacio de la Serna, que vive entre texturas y pinceles en su Campo de Calatrava. Tampoco a mí, que veo en la fotografía la interpretación del paisaje. Si la bolsa es mitad economía mitad psicología, las amapolas son mitad flor mitad sensaciones, mitad desafío, mitad cultura (las amapolas merecen más de dos mitades). Monet sin coquelicots sería… Botero sin grasas. Las amapolas son puro carácter, mueren antes que ser una más en el jarrón. Son en el campo, y son un suspiro entre las espigas. Por eso es crimen desconocer el campo en mayo, cuando el rojo, color raro en la naturaleza, se hace presente. Para mirarlo, porque si lo tocas es como el silencio -«si dices mi nombre, desaparezco»-.

Rusticae

Author: Rusticae

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