Un hotel, una lágrima

esquiladores5¿Se puede uno dormir en moto? ¿Puede uno soltar una lágrima mientras hace una foto de hotel? A mí me han pasado las dos cosas. A usted eso le importa un bledo, pero se lo cuento, que para eso están los blog. Lo de la moto fue cansancio en estado puro. Y lo de la foto ha sido una mezcla de edad avanzada -tal vez la mía- y filigrana artesana -la de la cortina que fotografiaba-. ¿Una lágrima por una cortina? (El bueno de Juan Carlos de Barutell me ha pasado las señas de un psicólogo). Pensaba uno en la finura del trazo, en el argumento universal del Arbol de la Vida, en la delicadeza sabia de las manos toscas de los artesanos indios, sirios, marroquíes. He visto tantas veces a esos artesanos humildes hacer maravillas con su ser analfabeto y sus manos sabias… Yo estaba a oscuras en la habitación, admirando el levísimo trasluz que el sol producía sobre la cortina de referencia. Miguel, dueño con Almudena de la deliciosaPosada de Esquiladores, al sur de Gredos, me llamaba por el pasillo.
-Aquí, Miguel.
-¿A oscuras?
Y le mostré la belleza de ese golpe de sol invisible en la cortina, inimaginable que hubiese sol directo al otro lado de ese naranja apagado, -mortecino no, por favor, que es un Arbol de la Vida !-. Y allí estaba yo, los ojos húmedos, pensando en el milagro de esa gente sabia y analfabeta al tiempo, en sus talleres de las medinas de Fès y Alepo, y de tantas otras medinas menos conocidas, y de tantos barrios de Delhi o de Samarkanda que he disfrutado y sufrido.
La Posada de Esquiladores fue casa de una tienda de coloniales, de ultramarinos, en San Esteban del Valle. Y en su interior hay tanta sabiduría… No es ñoñez. Si el blog me permitiese meter una segunda foto les mostraría la belleza que otro artesano ha plasmado en las losetas de barro cocido. Sobre algunas puso, presionándolas levemente con las manos, una hoja de higuera, de parra, de roble, una ramita de romero. Fueron al horno, las hojas se quemaron pero están en el recuerdo de quienes llegamos al hotel. Su perfil en el suelo no pasa inadvertido. Tampoco las huellas del gato del alfarero, ni las del perro que perseguía al gato. EmocionantePosada de Esquiladores.
Ya nos lo dice un viejo cartel junto al que desayuno: «Bañad las ovejas con polvos de Cooper». Es un recordatorio para quienes siempre hemos renegado de la gran ciudad, y que en tantas ocasiones hemos envidiado a los pastores, otros sabios ignorados. Yo ya tengo edad de relevar a alguno que me cuente lo que sabe.

Para conocer más sobre la Posada de Esquiladores visita la web de Rusticae

Rusticae

Author: Rusticae

Share This Post On

1 Comment

  1. Pablo, la foto una delicia… y no es la edad, es la sensibilidad, que es muy diferente

Submit a Comment