Un paseo por Dalt Vila, la Ibiza reposada

Hay una Ibiza pasajera y superficial, que habla y se mueve en verano al ritmo trepidante de la música electrónica. Y hay otra Ibiza capital, la que permanece todo el año, la que conserva la esencia de sus orígenes, la que ha preservado rincones fascinantes bajo la máscara de ciudad depravada y noctámbula. Si la buscas, la encuentras. Se esconde sobre todo en Dalt Vila, su barrio antiguo. Allí, la Ibiza de siempre, la dulce Eivissa, te susurra al oído viejos secretos. Está hecha para los que prefieren perderse por callejones blancos y empinados, repletos de curiosidades y aromas mediterráneos. El barrio de Dalt Vila nos propone descansar en la plaça del Sol mientras disfrutamos de un cafè o un refresco bajo el astro que le da nombre; nos invita a subir por las estrechas calles empedradas de Sant Antoni y Santa Anna, ascender hasta la catedral robusta y austera y, desde el cercano mirador de Sant Jaume, pasear la vista sobre los tejados del barrio de la Marina y las aguas del puerto.

Si se camina por estas callejuelas, no hay que evitar entrar en el centro de interpretación Madina Yabisa, en la calle Mayor, que explica uno de los períodos históricos menos conocidos de la ciudad: la dominación musulmana. Otra parada gratificante es el Museo Puget, en la calle de Sant Ciriac, que reúne más de un centenar de óleos, acuarelas y dibujos de dos pintores ibicencos muy interesantes y poco conocidos: Narcís Puget Viñas y su hijo. Ambos se inspiraban en la Ibiza rural como tema para sus obras.

Un cinturón de murallas ciñe el casco antiguo. El recorrido por este recinto amurallado y sus baluartes nos sumerge en el pasado y, de regalo, nos ofrece unas vistas espléndidas, como las que se obtienen desde el Revellí y el baluarte de Sant Bernat, que miran hacia Formentera y el aeropuerto de la isla. Algunas torres han sido musealizadas y en sus entrañas se han instalado pequeños centros de interpretación. En el baluarte de Sant Jaume hay un espacio que muestra armamento de época renacentista, y el visitante puede comprobar allí cuánto pesaba una bomba, puede probarse una armadura e incluso sostener una espada voluminosa. En el baluarte de Sant Pere hay otro espacio interactivo que explica la construcción de las murallas a través de un relato acompañado de un diaporama. Interesante lección de historia. No muy lejos del centro, saliendo por el Portal Nou, se llega a la necrópolis del Puig des Molins. Aparte de las sorprendentes y bien conservadas piezas de joyería y esculturas que se exponen en el museo arqueológico, se puede acceder a una de las galerías subterráneas que los fenicios excavaron para enterrar a sus difuntos. Aún se conservan tres mil tumbas púnicas en los cientos de galerías excavadas en el subsuelo de la capital. Su importancia fue decisiva para que el conjunto fuese declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999.

Y para acabar de sumergirse en la Ibiza real, és más que recomendable alojarse en Can Lluc, un encantador hotel Rusticae a sólo 10 kilómetros de la capital. El conjunto conserva la arquitectura tradicional isleña y ofrece la paz necesaria para recuperarse después de un largo día en la capital de la isla.

Callejuelas de Dalt Vila - Ò. Marín

Callejuelas de Dalt Vila – Ò. Marín

El portal de ses Taules y la catedral - Ò. Marín

El portal de ses Taules y la catedral – Ò. Marín

La Marina vista desde Dalt Vila - Ò. Marín

La Marina vista desde Dalt Vila – Ò. Marín

Pinturas en el Museo Puget de Ibiza - Ò. Marín

Pinturas en el Museo Puget de Ibiza – Ò. Marín

Òscar Marín

Author: Òscar Marín

Periodista especializado en viajes, he trabajado en revistas como 'Altaïr', 'Nat' y 'Lonely Planet Magazine'. Escribo el blog de viajes ‘El plaer de viatjar’ (http://blogs.descobrir.cat/elplaerdeviatjar) y soy redactor de la revista ‘Descobrir’. También he participado en el blog de la Agencia Catalana de Turismo y he colaborado en programas de radio, diarios y revistas recomendando mis propuestas viajeras. Soy autor de dos guías turísticas sobre Catalunya. El lugar favorito para perderme es París, la ciudad donde suelo refugiarme. También cerca del mar, en la costa catalana.

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