Una Escapada Gastronómica Rusticae para Quique Dacosta

Rusticae y el nuevo Seat X-Perience nos hemos unido para invitar a Quique Dacosta, chef tres estrellas Michelín, a vivir una experiencia gastronómica muy especial. Para ello hemos llegado con nuestro anfitrión hasta Arantza, preciosa localidad de la Comarca de las Cinco Villas en Navarra, para disfrutar a tope del destino y de uno de los hoteles Rusticae más encantadores del norte de España: El Arantza Hotela.

Amanecía en Bilbao cuando Quique se puso al volante dispuesto a cruzar Euskadi, rumbo a Doneztebe, nuestra primera parada. Un pueblecito enteramente atravesado por el Bidasoa y sus afluentes.

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Precisamente sobre el puente del afluente Ezkurra nos citamos con Koteto, una leyenda de la Pelota Vasca, pues es el pelotari profesional más veterano en activo. Él mismo nos llevó de la mano a lo más alto de la torre de la Iglesia para explicarnos la historia de su pueblo, mientras compartíamos en las Redes una impresionante panorámica montañosa. Tras el descenso, fuimos invitados a comer a la Sociedad Gastronómica, pero antes, pasamos por la carnicería del pueblo para que Quique conociera el género de primera mano. Solo carne de la zona que el carnicero ha censado personalmente a lo largo de los años. Cargados de txistorras, chuletones y patés franceses, llegamos a la Sociedad Gastronómica, ubicada a los pies de la Plaza Mayor, que no es otra que un paredón de Pelota Vasca. Ahí disfrutamos de una auténtica Alubiada de la mano de Quique y Koteto: un menú compuesto por alubias rojas de Guernica con berza, chuletón de las mismas terneras que veíamos pacer desde la torre de la iglesia y cuajada de Ultzama, hecha con leche especial torrefactada por una piedra volcánica.

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Más tarde, arrancamos nuestro Seat para adentramos un poco más entre los valles y bosques que conducen al Arantza Hotela: toca la hora de descubrir la excelencia de un auténtico Hotel Rusticae. El Artanza Hotela se camufla con su entorno aparentando ser una auténtica casona vasca, pero nada más cruzar su umbral, vemos que el interior ha sido atravesado, sin inmutar su corteza centenaria, por un espíritu asombrosamente genuino. El artista Jose Pablo Arriaga ha sido el encargado de dar forma con sus propias manos a un mobiliario único y poético, en la línea de la escultura vasca de Oteiza o Chillida, buscando la esencia de un espacio que se abre de lleno y se deja inundar por el verde y las montañas que penetran por los muros de cristal que envuelven el Hotel, tal y como las olas golpean el Peine del Viento. Quizá la cristalera más grande del hotel sea la más relajante, dado que es la que proyecta el Spa y la Sauna hacia paisaje de unas montañas de vértigo, levemente nevadas en sus cumbres durante nuestra estancia.

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Tras una buena siesta y una reconfortante sesión de Spa, Quique estaba listo para la cena: un menú degustación muy equilibrado compuesto por los productos más exclusivos del País Vasco, con la ventresca de atún con naranja sanguina como especialidad.

Al día siguiente, nos despedimos de la habitación, sobre todo de las bañeras independientes colocadas al borde de la cristalera, casi colgadas al pie de las montañas… Un fantástico desayuno mirando a la montaña en brumas nos reconforta. Nos despedimos de Edurne, de Alberto, de Josean y de todos los que se han desvivido porque nuestra estancia fuese única y memorable. De camino al Seat X-Perience, Quique abre el maletero para introducir su equipaje y ya comienza a recordar el Arantza Hotela cuando coloca el fabuloso obsequio que le acaban de entregar: un tronco de haya tallado por Pablo Arriaga, con las margaritas tan emblemáticas del País Vasco. Nuestra última parada es un caserío cercano. Allí nos esperan Kontxita y Joseba, tía y sobrino, que elaboran a diario unos quesos artesanales de impresión con la leche de sus propias vacas. No nos dejan irnos sin probar antes su increíble txistorra con un chato de vino y café de puchero. Son solo las 11.00h pero en esta tierra de buen comer los horarios no existen para compartir un buen rato entre amigos. Ahora sí, emprendemos la vuelta y Quique ya va pensando dónde colocará este mágico regalo euskaldún, allá en el Mediterráneo…

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Antonio Máiquez

Author: Antonio Máiquez

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